El sector alimentario es vital para la economía catalana. Una buena parte de su actividad tiene lugar en empresas que generan externalidades negativas, sobre todo vinculadas a temas ambientales, como un consumo excesivo de agua, unas técnicas que empobrecen los suelos o un exceso de deyecciones ganaderas. Para mejorar estos ámbitos, hay que realizar una integración vertical de la responsabilidad ambiental en el sector alimentario, y a la Administración pública y a las empresas alimentarias les corresponde disponer de herramientas y recursos que faciliten una transición hacia modelos más sostenibles y respetuosos con el medio ambiente que facilite la autonomía alimentaria de las generaciones venideras. Hay que actualizar y hacer el seguimiento de los planes de mejora e integración ambiental, de reducción y gestión de las deyecciones ganaderas y de reconversión hacia la agricultura, la ganadería y la pesca sostenible.
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