Las grandes infraestructuras culturales de Cataluña están atrapadas en una lógica de negociación anual centro a centro, y la gestión de sus estructuras están excesivamente burocratizadas. Hay que aprobar una política de estabilidad presupuestaria y de concertación de políticas culturales entre las diferentes administraciones implicadas (Generalitat de Catalunya, Ayuntamiento de Barcelona y Diputación de Barcelona) mediante contratos programa que permitan actuar de manera conjunta y con una visión global. En esta línea, hay que establecer una negociación conjunta entre estas administraciones y el Ministerio de Cultura para canalizar el fondo del Estado de manera global y no centro a centro, y evitar así que el Estado participe en los órganos de gobierno de las grandes infraestructuras culturales. Hay que reconocer que estas infraestructuras, junto con los centros de educación superior artística, son centros de investigación formal y artística y, por tanto, se debe dotarlos de una normativa específica que les permita la gestión y atracción del talento a semejanza de lo que ocurre en los centros de investigación avanzada del país. Se debe fomentar a través de estos grandes equipamientos la circulación internacional de ideas, proyectos culturales, creadores y profesionales. Y finalmente, hay que desplegar programas pedagógicos en colaboración con toda la comunidad educativa (universidades, centros de formación de profesorado, escuelas y educación en el ocio) que superen decididamente la lógica del intercambio mercantil, al que ahora se ven obligados, y supongan un trabajo educativo colaborativo.
Catalunya 2022
RESET: Llamamiento para reactivar el país
ACCIÓN 1.6