En Cataluña ya se han diseñado muchos planes de integración social y sanitaria (PINSAP, PAISS y ENAPISC, entre otros) pero en la práctica, si bien existen iniciativas en determinados ámbitos territoriales y para ciertos servicios específicos, como son los circuitos de violencia de género, el sistema público de salud y el sistema público de servicios sociales, son completamente independientes. Se tiene que crear un organismo que medie entre el ámbito social y el sanitario, para dotarnos de un sistema sociosanitario integral, integrado y preventivo, con criterios de equidad territorial y que sume los recursos económicos. Hay que establecer una ventanilla única desde una óptica territorial de proximidad, gestionada por el organismo más cercano y con poder de decisión, sin caer en el riesgo de medicalizar los servicios sociales. La transversalidad de los servicios y las mesas territoriales son piezas clave para garantizar la accesibilidad de toda la ciudadanía a los servicios y recursos disponibles para poder llevar una vida saludable, digna y el máximo de autónoma. De hecho, los problemas de salud tienen su origen en la genética y la clínica, pero sobre todo en los hábitos y los factores socioeconómicos. El sector social y el de salud tienen que determinar conjuntamente cuáles son las prioridades en investigación social y sanitaria, estableciendo indicadores y sistemas de evaluación que permitan avanzar en la prevención, el diagnóstico y la detección de las necesidades de las personas. Hay que decidir así mismo de común acuerdo la política de la transferencia no académica del conocimiento científico, actualmente centrada en el conocimiento estrictamente sanitario.
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