Hay un incremento de la esperanza de vida y el envejecimiento de la población, y una voluntad manifiesta de las personas de vivir en casa el máximo tiempo posible. La ley de la dependencia está infrafinanciada y, en consecuencia, la atención que están recibiendo las personas en su vivienda se encuentra por debajo de lo que realmente necesitan (la media es de 1 hora semanal). Si tenemos en cuenta que en el conjunto de Europa harán falta 1,3 millones de profesionales más en los próximos años, que la financiación actual ya está por debajo de lo necesario y que le esperanza de vida crece, el modelo actual de prescripción y atención es insostenible. Actualmente, la falta de respuesta pública se complementa desde las propias familias con servicios privados, la mayoría prestados por trabajadoras del hogar en régimen de interinidad, lo que igualmente hace insostenible en el tiempo la ratio de un profesional por cada persona que solicita atención; además, es un modelo de trabajo que precariza fuertemente el sector y que una sociedad moderna ha de erradicar. Al mismo tiempo, la tecnología aplicada hasta al momento basada en la teleasistencia es reactiva y no puede prever las situaciones de riesgo de las personas. Así pues, se debe transformar el modelo de atención domiciliaria, hacerlo accesible a todas las etapas de la vida y potenciar el entorno comunitario, la predicción, la prevención y el acompañamiento con el binomio tecnología y profesional, para mejorar su eficiencia y que resulte sostenible y universal. Se ha de intensificar la cobertura según las necesidades reales de las personas, y hay que incorporar a la persona y el entorno cuidador en la decisión de qué servicios son necesarios. Se dará valor a potenciar el entorno comunitario a través de las diferentes redes de cada territorio o de cada persona, mediante el apoyo continuado, con acciones de respiro para las personas cuidadoras.
Catalunya 2022
RESET: Llamamiento para reactivar el país
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